TheriansEl renacer de nuestro instinto animal

Ernesto Lucena Quevedo
El fenómeno de los Therians —personas que se identifican simbólicamente con animales— podría
parecer una simple curiosidad cultural de nuestro tiempo. Sin embargo, visto desde una perspectiva
más profunda, puede interpretarse como un síntoma de algo más radical: el renacer simbólico de
nuestro instinto animal en una civilización cognitivamente fatigada.
Durante milenios el ser humano ha tratado de dominar su naturaleza instintiva mediante la razón, la
moral, la religión y las normas sociales. El córtex cerebral, especialmente el prefrontal, ha sido el
instrumento de ese control. Gracias a él construimos civilizaciones, leyes y culturas. Pero ese mismo
córtex, sometido hoy a una presión constante de estímulos, exigencias y tensiones, parece mostrar
signos de agotamiento.
El hombre moderno vive en una sobrecarga permanente de información, decisiones y conflictos. La
inteligencia se utiliza sin descanso para adaptarse a entornos cada vez más complejos y artificiales.
Esta fatiga mental debilita el control racional y permite que emerjan nuevamente las capas más
profundas de nuestra naturaleza biológica.
No se trata de un retroceso biológico sino psicológico. El animal no regresa en nuestros cuerpos sino
en nuestras identificaciones simbólicas.
Algunos jóvenes expresan este fenómeno identificándose con lobos, felinos o aves rapaces. No
necesariamente creen ser animales en sentido literal; más bien sienten que el mundo humano les
resulta extraño o decepcionante, mientras que el animal les parece auténtico, directo y libre de
hipocresía.
En esa identificación aparece con frecuencia una desconfianza hacia el comportamiento humano, una
tendencia al aislamiento y una preferencia por formas de vida simples, alejadas de la competencia
social y del exceso material. El animal se convierte entonces en un símbolo de coherencia instintiva
frente a una civilización percibida como artificial.
Tal vez el fenómeno Therian pueda entenderse como una reacción frente al agotamiento psicológico
de la sociedad contemporánea. Cuando el pensamiento se fatiga, el instinto vuelve a ocupar su lugar.
No significa que el ser humano esté retrocediendo en la evolución. Más bien revela que seguimos
siendo animales con neocórtex, y que bajo la superficie de la civilización permanece intacta nuestra
naturaleza primaria.
El hombre civilizado sigue siendo, en el fondo, una bestia que aprendió a pensar.
Y cuando el pensamiento se agota, la bestia reaparece.
Tal vez el Therian no quiera ser animal. Tal vez simplemente ha perdido la fe en el hombre.


